martes, 30 de julio de 2013

Actitud innovadora desde la escuela, ¿cómo conseguirlo?

¿Enseñar a hacer las cosas o enseñar a pensar como hacer las cosas?. La escuela y la universidad son elementos claves para generar una actitud innovadora desde la infancia o la juventud. ¿Cómo podrían fomentar la educación formal profesionales y trabajadores más innovadores? 


Igor Galo 

En este post recogemos la opinión de cuatro reconocidos expertos en innovación, que comparten con INNAC su visión del sistema educativo en relación con la innovación.

Xavier Marcet opina que es clave “poner el énfasis en aprender más que en enseñar, y facilitar modelos de aprendizaje donde la exploración sea parte fundamental del modelo. Necesitamos escuelas y universidades que sean innovadoras en sí mismas, donde el espíritu emprendedor no solamente se lea, si no que se viva". 

En este sentido, “existen iniciativas piloto muy interesantes que deberían generalizarse y apoyarse desde las Administraciones Públicas, ya que permiten introducir el espíritu innovador y mejorar su disposición de cara a pensar de manera creativa.” indica Carlos Sarmiento Anguiano, CEO y fundador de Innovación & Estrategia. “Para los más jóvenes se está trabajando con herramientas como Scratch, en el ámbito de la programación, Moway, robótica, o Arduino, electrónica. En secundaria algunos centros aprovechan la asignatura de Tecnología para el desarrollo de nuevos proyectos en el ámbito científico y tecnológico” añade. 

"La innovación es un fenómeno cultural complejo y como tal, pertenece a la dimensión cultural de los países. Por ello, es importante crear referentes próximos, referentes sociales de éxito, como reconocimiento social del emprendedor, de tal modo que exista un incentivo cultural a emprender e innovar”, explica Xavier Ferrásprofesor de Innovación de Esade. En su opinión, "desde la educación hay que fomentar otro tipo de habilidades que ayuden a desarrollar iniciativas y proyectos innovadores: como pensamiento creativo, la asunción de riesgos, la responsabilidad personal, el trabajo en equipo, la negociación, o el liderazgo..."

“Se puede aprender a innovar, como se puede aprender todo en la vida. El innovador no nace, se hace. Lo fabrica la cultura donde vive. Por ello, enfocar el proceso educativo hacia el desarrollo de actitudes y no sólo a la adquisición de aptitudes es fundamental”, anota Xavier. 

Juan Vicente García Manjón añade, en relación con la educación en la universidad, que "es necesario vincular a los estudiantes con problemas reales, con los grupos de investigación que hay en la universidad, que se relacionen con el entorno, etc." 

La innovación como técnica se puede enseñar, pero la actitud de la innovación es una semilla que tarda muchos años en desarrollarse y que incluye conceptos como los de resistencia al cambio, emprendeduría, eliminar juicios y formas de ver las cosas poco imaginativas y sobre todo fomentar la cultura del aprendizaje frente al paradigma del riesgo y la posibilidad de equivocarse. Si no empezamos a valorar en el sistema educativo aspectos como los de iniciativa, asunción de riesgo o creatividad, difícilmente los estudiantes van a dedicar esfuerzos a ello. 

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